Todo lucía de manera tenue. Era muy parecido a esa sensación de entrar bajo el agua cálida por la mañana, esa sensación de acariciar la fina arena, escuchar el sonido de las olas, observando al mismo tiempo un rostro amado, una gota recorriendo de un extremo a otro su cuerpo.
-¿Qué hay si me robas un beso? Preguntó.
Todo se paró. La ducha terminó, la arena desapareció, el mar se esfumó y la pequeña gota cayó.
Sus miradas dijeron todo lo que se puede decir, e incluso más.
Simplemente hay escenas en las que el mundo se vuelve perfecto. El sabor del chocolate se convirtió en algo aún más placentero, quizás porque estaban juntos.
Esta vez fue él quien preguntó:
-¿Qué hay si te robo el chocolate que quedó en tu labio?
Un beso aún más dulce sucedió.
Y las miradas quedaron clavadas con la luz de una pequeña vela que desprendía un olor, un olor especial.
A todo esto lo acompañaba una melodía perfecta, lo que provocó la culminación.
Todo se paró. La ducha terminó, la arena desapareció, el mar se esfumó y la pequeña gota cayó.
Sus miradas dijeron todo lo que se puede decir, e incluso más.
Simplemente hay escenas en las que el mundo se vuelve perfecto. El sabor del chocolate se convirtió en algo aún más placentero, quizás porque estaban juntos.
Esta vez fue él quien preguntó:
-¿Qué hay si te robo el chocolate que quedó en tu labio?
Un beso aún más dulce sucedió.
Y las miradas quedaron clavadas con la luz de una pequeña vela que desprendía un olor, un olor especial.
A todo esto lo acompañaba una melodía perfecta, lo que provocó la culminación.
R.S

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